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España abre un plató virtual tras otro y no hay quien los opere:
Publicado el 20/07/2026
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En septiembre de 2025, en el marco del Festival de San Sebastián, Pedralonga Estudios anunció el inicio de operaciones del Coruña Estudio Inmersivo, presentado como el plató de producción virtual con mejor equipamiento técnico de España. Una LED wall semicircular de 28 por 6 metros, 672 paneles con un pixel pitch de 1,9 milímetros, tracking 3D de Pixotope y una inversión cercana a los 9 millones de euros cofinanciada por la Diputación de A Coruña y el Gobierno de España. A lo largo de 2026 se sumarán dos platós más, de 2.500 y 2.000 metros cuadrados.

Es una infraestructura de nivel europeo. El problema es quién la va a operar.

Mientras se levantaban estos platós, media docena de escuelas y universidades españolas lanzaban másteres, microcredenciales y cursos intensivos con un mensaje casi idéntico en su descripción: faltan profesionales capaces de operar estos nuevos entornos. La EOI lo resume sin rodeos en la ficha de su curso de producción virtual con Unreal Engine: la industria necesita técnicos que dominen el motor gráfico, configuren cámaras virtuales y entreguen escenas listas para producción, y ese perfil, hoy, escasea.

España tiene, por primera vez, la infraestructura para competir con Londres o Los Ángeles en producción virtual. Lo que no tiene, todavía, es suficiente gente que sepa sentarse detrás de esos paneles LED y hacerlos funcionar.

El mapa de la producción virtual en España: de A Coruña a Madrid

El caso gallego es el más visible porque es el más grande, pero no es un caso aislado. Pedralonga Estudios —una sociedad participada por la Universidade da Coruña, el Clúster Audiovisual Galego y diez empresas del sector— ha convertido la Cidade das TIC de A Coruña en lo que sus impulsores describen como uno de los grandes hubs audiovisuales de Europa para producción virtual de cine y series. El proyecto se ha desarrollado junto a Telefónica Servicios Audiovisuales y Tangram Solutions, y su plató inicial de 750 metros cuadrados forma parte de un complejo mayor pensado para crecer por fases durante todo 2026.

Madrid vive un proceso distinto, más orgánico y fragmentado. Un reportaje publicado este mismo año por TM Broadcast, con testimonios directos de profesionales del sector, retrata una ciudad que apuesta con convicción por la producción virtual pero que todavía busca su modelo de negocio. El CTO de Acid Drops lo explica con crudeza: montar un plató LED permanente en Madrid hoy implica un riesgo real de cierre, salvo que la empresa tenga garantizado un flujo constante de proyectos, incluidos los que llegan de fuera de España. El reportaje compara la situación con la de París, donde varios platós LED permanentes han abierto y cerrado en apenas seis meses, y describe el sector como un modelo de negocio que todavía está en su infancia y se reinventa constantemente.

Esta doble velocidad —Galicia consolidando infraestructura de gran escala con respaldo público, Madrid tanteando un modelo privado más volátil— define el mapa real de la producción virtual española en 2026. Y en ambos casos, la conversación termina llegando al mismo punto: la tecnología ya está aquí, el talento formado para operarla, no.

El perfil que no existe: por qué nadie encuentra operadores de Unreal Engine

La producción virtual no ha creado un solo puesto de trabajo nuevo, ha creado varios, y todos ellos exigen una combinación de habilidades que no se enseñaba en ningún plan de estudios hace apenas cinco años.

Un artículo técnico publicado en Panorama Audiovisual detalla los tres perfiles que hoy resultan imprescindibles en cualquier rodaje con volumen LED: el técnico de plató, responsable de configurar y gestionar la interacción entre las pantallas, las cámaras y los sistemas de tracking; el operador on stage de Unreal Engine, que reproduce los escenarios virtuales durante el rodaje y ajusta la integración con los elementos físicos y la iluminación en los ensayos; y el supervisor de producción virtual, que planifica y coordina todo el proceso desde la preproducción.

Ninguno de estos tres perfiles existía como categoría profesional reconocible hace una década. Y los tres exigen algo más difícil de encontrar que un título: la combinación de un conocimiento técnico profundo de un motor gráfico de videojuegos —Unreal Engine, principalmente— con la sensibilidad narrativa y visual de un equipo de rodaje tradicional. Un operador de plató necesita entender tanto de captura de movimiento y seguimiento de cámara como de composición de imagen y dirección de fotografía, según describe la propia oferta formativa de EFD Spain para este puesto.

La respuesta del sistema educativo español ha sido rápida, aunque todavía desigual. The Core School ha construido en Madrid unas instalaciones de 12.500 metros cuadrados dedicadas a la formación en producción virtual, con perfiles docentes como el de Ignacio Lacosta, supervisor senior de VFX con operaciones entre Los Ángeles y Madrid. La EOI ha lanzado un curso presencial virtual centrado explícitamente en Andalucía. Terrassa Film Lab, dentro del Parc Audiovisual de Catalunya, ofrece una microcredencial de stagecrafting con prácticas reales en plató. Y butic ha creado, según reivindica, la primera iniciativa española que traslada directamente las recomendaciones de la industria al diseño del programa formativo.

Que media docena de instituciones lancen programas similares en apenas dos años no es casualidad: es la señal más clara de que la demanda de estos perfiles ha superado a la oferta, y de que ninguna empresa individual puede resolver este problema de formación por su cuenta.

El profesional en formación permanente

Hay un matiz que cualquier empresa que contrate para estos puestos debería tener en cuenta: la producción virtual no es una habilidad que se aprenda una vez y quede fijada.

Un reportaje de Audiovisual451 recoge el testimonio de un socio de Iralta, la productora que trabajó en el programa de RTVE "Mapi" con realidad virtual en tiempo real, quien advierte de que cualquier profesional de este campo debe asumir una formación continua, porque el software y el equipo se actualizan constantemente y da la sensación de "volver a empezar" con cada nueva versión.

Contratar para producción virtual no es, por tanto, cubrir una vacante estática: es incorporar a alguien que necesitará tiempo y recursos de actualización de forma permanente, algo que muy pocas ofertas de empleo del sector contemplan todavía en sus condiciones.

Por qué el riesgo compensa (aunque el modelo de negocio siga siendo frágil)

Conviene no idealizar el momento. La propia advertencia del CTO de Acid Drops sobre el riesgo de cierre de los platós madrileños es un antídoto necesario frente al entusiasmo tecnológico: la producción virtual todavía no es un negocio maduro y estable en España, y quien construya su estrategia de contratación asumiendo una demanda ilimitada y creciente puede llevarse una sorpresa.

Dicho esto, hay razones estructurales para que la inversión continúe. La producción virtual permite resolver localizaciones inaccesibles o directamente inexistentes sin desplazar a un equipo completo, como ilustra el caso de la serie diaria "Servir y proteger", que recreó calles y canales de Ámsterdam en un plató adaptado sin salir de Madrid, llegando a cambiar de localización hasta tres veces en un mismo día de rodaje, según el testimonio de su productor recogido por Audiovisual451. Esa capacidad de comprimir tiempos de producción es, junto al ahorro en desplazamientos y logística, el argumento económico central que sostiene la inversión en infraestructura, tanto en Galicia como en Madrid.

Además, proyectos como el de A Coruña no dependen únicamente de la demanda del mercado privado: cuentan con el respaldo de fondos públicos de recuperación y transformación, lo que les da un colchón de estabilidad del que carecen las iniciativas puramente privadas de Madrid o Barcelona. Esta diferencia de modelo de financiación explica también por qué el ritmo de creación de infraestructura y de contratación no es homogéneo en todo el país, y por qué las empresas que buscan talento en este campo deben mirar el mapa región por región, no como un fenómeno nacional único.

Qué significa esto para la contratación de talento en tu empresa

Para una productora, un estudio de animación o una empresa de publicidad que se plantea incorporar producción virtual a su flujo de trabajo, el diagnóstico tiene tres implicaciones prácticas.

La primera es que buscar un candidato con experiencia demostrada de varios años en estos puestos concretos va a ser, durante bastante tiempo, una búsqueda con muy pocos resultados, simplemente porque el volumen de profesionales con ese recorrido es todavía reducido en España. La alternativa realista pasa por identificar perfiles técnicos afines —artistas técnicos de videojuegos, operadores de cámara con formación en motores gráficos, técnicos de VFX con curiosidad por el tiempo real— y facilitarles el acceso a alguno de los programas de formación especializada que han surgido en los últimos dos años.

La segunda es que la ubicación importa más de lo habitual en este campo concreto. Un estudio que se instale cerca de un polo de formación activo, como el entorno de A Coruña o el eje formativo madrileño, tendrá más facilidad para encontrar candidatos en fase de prácticas o recién egresados que uno que busque estos perfiles en una región sin ninguna oferta formativa cercana.
La tercera, y quizá la más importante para cualquier responsable de RRHH, es que las condiciones de la oferta deben reflejar la naturaleza cambiante del puesto. Un operador de producción virtual no es un perfil que se contrata y se olvida: necesita tiempo dedicado a formación continua, acceso a las últimas versiones del software y, en la medida de lo posible, conexión con la comunidad de profesionales del sector, que en producción virtual todavía es pequeña y funciona en gran parte gracias al intercambio informal de conocimiento entre estudios.

Como resumen, podríamos decir que España ha resuelto, en apenas dos años, el problema de la infraestructura de producción virtual: tiene ya uno de los platós más avanzados de Europa en A Coruña y un ecosistema en construcción activa en Madrid, con inversión pública y privada respaldando ambos frentes.
Lo que todavía no ha resuelto es el problema del talento que debe operar esa infraestructura, y esa brecha no se va a cerrar sola ni de forma inmediata: exige que las empresas del sector inviertan en formación, revisen sus procesos de contratación para estos perfiles emergentes y acepten que, durante los próximos años, van a competir por un número reducido de profesionales cualificados con el resto de los estudios que están teniendo exactamente la misma idea.

Quien entienda esto antes que su competencia no solo llegará primero a los platós LED. Llegará primero al talento que sabe hacerlos funcionar.

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