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El 43% de las empresas audiovisuales usa IA generativa sin ninguna política que la regule
Publicado el 21/08/2026
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El 2 de agosto de 2026 dejó de ser una fecha en el calendario para convertirse en una obligación legal. Ese día entraron en vigor las obligaciones de transparencia del artículo 50 del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial: cualquier contenido sintético, cualquier deepfake, cualquier interacción con un chatbot debe identificarse como generado por IA de forma clara desde el primer contacto con el usuario. En paralelo, el Gobierno tramita en el Congreso el Proyecto de Ley Orgánica para el buen uso y la gobernanza de la Inteligencia Artificial, que fija sanciones de hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación mundial de una empresa para las infracciones más graves, y sitúa a la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial como autoridad de referencia.

Mientras el marco regulatorio se cierra, el sector audiovisual español sigue operando, en buena medida, sin brújula interna. El Libro Blanco del Desarrollo Español de Videojuegos 2025, elaborado por DEV, ofrece una fotografía que puede extrapolarse sin dificultad al resto de la industria creativa: el 53% de los estudios ya utiliza herramientas de inteligencia artificial generativa en su operativa diaria, pero el 43% no dispone de ninguna política interna que regule ese uso. Solo un 4% lo impone de forma corporativa y un 16% lo prohíbe expresamente. El resto, la mayoría, deja la decisión en manos de cada empleado.

Esa cifra no es un detalle técnico. Es, a partir de ahora, un riesgo legal con nombre y sanción asociada.

De la recomendación interna a la obligación legal

Hasta hace poco, tener o no una política de IA generativa era una cuestión de buenas prácticas de gestión de personas. Ya no lo es. El nuevo marco normativo exige a cualquier organización que utilice sistemas de inteligencia artificial —sin importar su tamaño— ser capaz de explicar para qué los usa, quién los supervisa, qué riesgos genera esa actividad, qué evidencia conserva y ante qué autoridad podría tener que responder.

El problema, según coinciden varios despachos especializados en derecho tecnológico que han analizado la norma, es que buena parte del uso real de IA en las empresas ocurre al margen de cualquier control formal. Es lo que en el sector se conoce como shadow AI: empleados que introducen guiones, tratamientos, biblias de producción o datos de casting en herramientas de IA generativa de acceso libre, a través de cuentas personales que la empresa no gestiona ni supervisa. Nadie sabe con certeza qué ocurre después con esa información: si el proveedor puede usarla para entrenar sus modelos, si existen transferencias internacionales de datos o si ese material contiene información confidencial de un cliente o de un tercero protegido por derechos de propiedad intelectual.

Para una productora, un estudio de animación o una plataforma que trabaja habitualmente con guiones no publicados, tratamientos en fase de desarrollo o material de menores de edad en rodajes, este no es un riesgo abstracto. Es un escenario con nombre y con sanción prevista en la norma que ya está en tramitación parlamentaria.

El vacío que ha dejado el Estatuto del Artista

El propio sector cultural ha señalado esta falta de gobernanza desde dentro. Cuando el Gobierno aprobó este año el nuevo Estatuto del Artista —la reforma laboral que actualiza la normativa de 1985 para el ámbito de las artes escénicas, audiovisuales y musicales, y que afecta a un colectivo de 771.000 personas—, dejó fuera de la norma la regulación específica del uso de la inteligencia artificial generativa. Los sindicatos del sector lo han lamentado públicamente, calificando la tecnología como un riesgo existencial para el sector cultural que deja a los trabajadores en una posición vulnerable, al quedar cualquier cuestión sobre sus usos en manos de la negociación individual entre cada profesional y su empleador.

Esta ausencia de límites sectoriales específicos traslada la responsabilidad directamente a cada empresa. En un contexto donde ni el convenio ni la ley marcan con precisión qué se puede y qué no se puede hacer con la IA generativa en un rodaje, una producción de animación o un proceso de casting, la política interna de cada compañía se convierte en la única frontera real entre el uso responsable de la tecnología y la exposición a un conflicto legal, sindical o reputacional.

Qué debe contener, como mínimo, una política de IA generativa

No existe todavía una plantilla única ni obligatoria, pero el consenso entre especialistas en cumplimiento normativo y las primeras políticas publicadas por organismos públicos —la Agencia Española de Protección de Datos difundió en noviembre de 2025 la suya propia, pionera en el sector público— coincide en varios elementos mínimos que cualquier empresa audiovisual debería incorporar.

- Un inventario real de herramientas en uso. No basta con regular la IA que la empresa ha contratado oficialmente; hay que mapear también la que se usa de forma informal, departamento por departamento, con especial atención a guion, casting, marketing y RRHH.

- Un responsable con mandato claro. Alguien dentro de la organización —no necesariamente un cargo nuevo, puede ser una función añadida a un puesto ya existente— debe tener la autoridad y el presupuesto para aprobar qué herramientas se usan y validar el cumplimiento de la política.

- Reglas claras sobre qué datos pueden introducirse. Guiones no publicados, datos de menores, información contractual o material protegido por derechos de imagen deben tener un tratamiento diferenciado del resto de contenidos.

- Un protocolo de etiquetado del contenido generado. La obligación de transparencia del artículo 50 ya exige identificar como sintético cualquier contenido generado o manipulado con IA que muestre a personas reales o inexistentes; esto afecta directamente a doblaje, voces sintéticas, dobles digitales o material promocional.

- Formación diferenciada por rol. No es lo mismo el nivel de exposición al riesgo de un guionista que introduce texto en un chatbot que el de un responsable de selección de personal que usa IA para cribar currículums, un uso que la propia normativa señala como especialmente sensible.

El puesto que esta normativa está a punto de crear

Hay una consecuencia práctica de todo lo anterior que todavía no ha llegado a la mayoría de organigramas del sector audiovisual español, pero que ya empieza a asomar en estudios y productoras de otros mercados: la figura del responsable de cumplimiento de IA, a veces descrita como AI compliance officer o supervisor de gobernanza de IA. No es un perfil exclusivamente legal ni exclusivamente técnico. Es alguien capaz de mantener el inventario de herramientas actualizado, coordinar la evaluación de riesgo de cada sistema con el departamento jurídico, y traducir a la práctica diaria de guion, montaje, casting o marketing lo que la normativa exige sobre el papel.

En estudios de tamaño medio, esta función no siempre requiere una contratación nueva: puede recaer en un responsable de producción, un director técnico o alguien del equipo de RRHH con formación específica. Pero en productoras con volumen de proyectos, con producciones internacionales o con departamentos de VFX y animación que ya usan IA generativa de forma intensiva, empieza a justificarse como una posición propia. Es, en la práctica, uno de los perfiles emergentes más claros que va a generar esta ola regulatoria, y muy pocas empresas del sector lo han incorporado todavía a su planificación de contratación.

Una cuestión también de employer branding

Más allá de la obligación legal, tener una política de IA generativa clara empieza a convertirse en un factor de atracción de talento. Los profesionales del sector, especialmente los perfiles más jóvenes y técnicos, valoran cada vez más trabajar en estructuras que tienen claro cómo van a proteger su trabajo, su autoría y sus datos frente a estas herramientas. Una empresa que puede explicar con precisión su postura ante la IA generativa —qué permite, qué prohíbe y por qué— transmite una madurez organizativa que la diferencia de aquellas que todavía improvisan.


¿Tu empresa ya se plantea quién va a liderar el cumplimiento de IA en tu organización? Ya sea como una nueva posición o como una función añadida a un perfil existente, encontrar a la persona adecuada —con criterio técnico, sensibilidad de producción y capacidad de coordinación con el área legal— va a ser cada vez más determinante. En Platino Empleo, impulsada por EGEDA, conectamos a las empresas del audiovisual y los videojuegos con profesionales que ya entienden las particularidades de este sector en transformación.

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